PROLOGO - JUVENTUD EN EXTASIS 1


ANTES DE COMENZAR

—¿ Quieres tener sexo ?
Mi pregunta fue tan directa que bajaste la cara mostrándote agraviada. Diste
media vuelta con intenciones de salir.
—Espera...
Te detuviste en el umbral de la puerta. El escote triangular de tu vestido dejaba a
la vista la piel blanca de tu juvenil espalda.
—No te disgustes —supliqué acercándome—. Eres una mujer muy hermosa.
Miles de hombres darían cualquier cosa por tenerte y me atrevo a suponer ésta
sería tu primera experiencia... Pero antes que eso ocurra, me gustaría que supieras
algunas cosas de mi pasado.
Te volviste muy lentamente con gesto desafiante.
—Muy bien. ¿ Qué es exactamente lo que tratas de decirme?
Quise entrar en materia pero no conseguí más que tartamudear. Tu actitud
apremiante y molesta bloqueó toda posibilidad de comunicación profunda. Hilvané
un par de mentiras para eludir la escabrosa situación y di por terminada mi
confidencia.

-


—¿Algún día me contarás la verdad?
Asentí con tristeza.
No te despediste al abandonar el lugar.
Apenas me quedé solo busqué una hoja para escribir.
Después de un rato detuve mi escritura y observé la prolija carta mientras
limpiaba las lágrimas de mi rostro.
Soy un amigo que nunca te traicionará.
Traicioné a muchas mujeres en el pasado y, créeme, sufrí
tanto por ello que no volveré a hacerlo jamás.

-

EPÍLOGO

Hija:
La tarde en que comencé a escribir estas páginas vi por accidente que tu novio te
acariciaba. Estaban en el auto, besándose, y tú te defendías indecisa de sus
apasionados juegos. No me alar-mé. Tienes quince años y eres una joven normal, muy
hermosa. Todos hicimos eso alguna vez, pero yo estaba ansioso de poder compartir
contigo mi experiencia al respecto. Abrí la ventana y te grité para que entraras.
Apenas lo hiciste te pregunté si pensabas llegar a tener sexo con aquel muchacho. No
fue una forma muy diplomática de abordar el tema. Enojada, te diste la vuelta para
salir.

-


—Espera...
Te detuviste en el umbral de la puerta. El escote triangular de tu vestido dejaba a la
vista la piel blanca de tu juvenil espalda.
—No te disgustes —supliqué acercándome—. Miles de hombres darían cualquier cosa
por tenerte y me atrevo a suponer que ésta sería tu primera experiencia... Pero antes de
que eso ocurra, me gustaría que supieras algunas cosas de mi pasado...
Te volviste muy lentamente con gesto desafiante.
—Muy bien. ¿ Qué es exactamente lo que tratas de decirme?
Quise entrar en materia pero no conseguí más que tartamudear. Tu actitud apremiante
y molesta bloqueó toda posibilidad de comunicación profunda. Hilvané un par de
mentiras para eludir la escabrosa situación y di por terminada mi confidencia.
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—¿Algún día me contarás la verdad?
Asentí con tristeza.
-

No te despediste al abandonar el lugar.
Apenas me quedé solo busqué una hoja blanca para escribirle:
Hay tiempo para sembrar y tiempo para cosechar; tiempo para abrazarse y tiempo para
abstenerse; tiempo para disfrutar la soledad y tiempo para compartir la intimidad; todo lo
que se quiera hacer a destiempo según el orden natural será vano y nocivo.
Los hombres no disfrutamos nuestro presente porque siempre deseamos otro y, cuando
logramos tener ese otro, sufrimos inconsolables por haber perdido el anterior. Hace poco
escuché a un cómico decir que los niños quieren ser adultos, los mayores quieren ser niños,
los jóvenes quieren estar viejos, los viejos quieren estar solteros, los solteros quieren estar
casados, los casados quieren estar muertos...
En cuanto a las relaciones sexuales prematrimoniales, hay algo que necesito dejar
perfectamente en claro:
Puedes tenerlas si así crees que te conviene. Yo no te lo reprocharé. Te querré siempre
igual. Respetaré tus decisiones sin importar que yo esté de acuerdo o no con ellas; pero si
eliges entregar tu cuerpo, hazlo con pleno conocimiento de lo amargo que vendrá y no sólo
de lo dulce del momento.
Detuve mi escritura y observé la prolija carta. Estaba bien, pero no, no era suficiente con
eso... Necesitaba que me creyeras, que aprendieras de mis heridas sin tener que sufrirlas...
Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena, pero es mentira. La gente de mayor
inteligencia sí... Es un rasgo de sabiduría escuchar, leer y aprender de cuanto piensan
otros.
-

Entonces mis reflexiones fueron interrumpidas por la voz de Dhamar desde la cocina.
—¡Ya está la cena!
Regresaste a mi estudio y me preguntaste con timidez:
—¿ Quieres que te traiga tu plato, papá ?
—Te lo agradecería.
Pero no te moviste un centímetro del sitio en el que permanecías de pie observándome.
EPÍLOGO 1 89
—Cómo me gustaría que recordaras cuando tenias mi edad —susurraste—. No me agrada
que me trates como a una niña.
Asentí. Me acordaba perfectamente.
De hecho, era algo que no podía apartar de mi pensamiento al vene...
—¿Sabes?—cambiaste el tema con una sonrisa enorme—. Te voy a decir algo que te hará
feliz. Hoy llegó carta de mi abuelito Asaf.
Me puse de pie inmediatamente.
—¿Dónde está?
—Mamá la tiene —y al decirlo frunciste el ceño—. Qué tonta soy. Quizá ella pensaba
dártela como sorpresa en la cena.
Inhalé hondo. Te miré de frente a los ojos v mi ansiedad se esfumó por completo. Extendí el
brazo derecho para que te acercaras. Lo hiciste alegre de sentir nuevamente mi calidez. En
ese momento me di cuenta de qué era exactamente lo que tenía que escribirte. No era una
carta, sino un libro completo. Acaricié tu cabello y te abracé por la espalda para caminar
contigo rumbo a la cocina.
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